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Todos hemos probado la deliciosa miel, producto del trabajo de miles de abejas en cada colmena, todas ellas, las trabajadoras, son hembras, los machos, conocidos como zánganos, están reservados exclusivamente para cumplir dos funciones primordiales, la primera de ellas es calentar las celdas liberando a las obreras nodrizas para desarrollar otras actividades en el panal. Y el segundo de los papeles que juegan los machos de la colmena es la fecundación de la reina.

Una abeja reina es el premio mayor para cualquier zángano, compiten entre ellos por el supremo honor de aparearse con una reina. La mala noticia es que aquel macho que consiga montar a su majestad y completar el acto sexual de reproducción dejará los testículos en el intento, pues estos explotarán dentro de su amada para sellar su cavidad y evitar así que otro macho logre reproducirse con ella. Pareciera que el macho de la Apis mellifera dice: “serás mía y de nadie más”, un Zángano que literalmente lo deja todo por aparearse.

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