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Las proteínas que componen el veneno que el escorpión inyecta para matar a sus presas y luego consumirlas, podrían servir para matar algunos tipos de cáncer.

La unión de un bajo número de aminoácidos compone un péptido, pero si el número de aminoácidos es alto, compone una proteína y es precisamente de péptidos y proteínas que está compuesto el veneno que investigadores de la Universidad Nacional de Colombia descubrieron que pueden inhibir el crecimiento celular de cuatro tipos de cáncer: próstata, seno, cérvix y colon hasta en un 50%.

“Hemos logrado determinar cuál es la composición protéica que tiene el veneno del escorpión Tityus macrochirus. Este es el primer trabajo de carácter bioquímico de este tipo que se realiza en el país”, destaca Clara Andrea Rincón Cortés, cuya investigación tuvo como resultado la primera tesis del Programa de Doctorado en Ciencias-Bioquímica de la Universidad Nacional de Colombia.

En el mundo existen aproximadamente 1500 diferentes especies de escorpiones y en Colombia se encuentran cuatro familias con un total de 55 especies según la investigación del biólogo maestro en epidemiología Juan Pablo Gómez-Cardona, “Eco-epidemiology of scorpions of medical importance in Colombia”.

A pesar de la diversidad de especies de escorpiones o alacranes en Colombia, se prefirió trabajar con el Tityus macrochirus por la ubicación en los municipios de Choachí y Fosca, cercana a Bogotá en donde se adelantó la investigación en los laboratorios de la Universidad Nacional.

Esta investigación arroja una pregunta que muy posiblemente se resolverá con apoyo más decidido a las investigaciones, ¿al trabajar con diferentes especies de escorpiones cuyos venenos pudieran tener diferentes propiedades, podría hallarse un compuesto que inhibiera en mayor proporción el crecimiento de células cancerígenas?, y en ese caso, ¿algunos otros venenos podrían curar otros tipos de cáncer?

“Si hubiéramos trabajado con otros escorpiones quizá los resultados podrían llegar a ser diferentes; un posible candidato es un escorpión que habita en la región de Casanare, cuyo veneno es más tóxico”, añade Rincón Cortés.

Sin embargo, la investigadora advierte que se concibe como un tratamiento de carácter alternativo para el tratamiento de ciertos tipos de cánceres y que no se considera una cura para los mismos.

“Aunque no se puede decir que se trata de una cura para estos tipos de cáncer, sí se puede hablar de un posible candidato para tratar estas  enfermedades de manera alternativa”.

Por su parte el profesor Édgar Antonio Reyes Montaño, quien hace parte del Departamento de Química de la Universidad Nacional y director de la tesis doctoral afirma que “hemos podido observar que al adicionar el veneno a estas células, al igual que algunos de sus componentes aislados, éstas ya no crecen con la misma velocidad y eficiencia”.

Y agrega que, “los estudios realizados demuestran que se requieren entre 5 y 20 microgramos de algunos péptidos del veneno por mililitro de cultivo para lograr un retroceso en el avance del desarrollo de la células, que incluso supera el 50 %, de tal manera que con una mayor cantidad, este porcentaje incluso podría ser mayor”.

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