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Hace algunos días cometí el crimen de opinar en una red social que “los ambientalistas son detestables” al referirme a la diferencia entre las personas que trabajan por la defensa y protección de nuestra ‘casa común’ y los que la opinión pública llama “ambientalistas extremos”. Reconozco el error en la generalización que causó el malestar en algunos sin embargo me reafirmo en que sí existen tanto extremos como detestables que degradan la labor de defensa de la vida.

Este término ha sido degradado, a mi parecer, por dos causas, la primera de ellas es el mal uso del mismo, en grupos de WhatsApp de periodistas que cubren la fuente ambiental se suelen leer mensajes como: “alguien tiene el contacto de una ambientalista?”, como si un “ambientalista” tuviera el conocimiento técnico y científico para referirse a cualquier temática ambiental.

Mil y un temas diversos se relacionan con lo ambiental que es absolutamente transversal a todos los demás, economía, salud, deporte, política, judicial e incluso farándula, entonces lo que buscan no es una “ambientalista”, lo que buscan es un ‘sabelotodo’ del tema ambiental y eso definitivamente ¡NO EXISTE!, por eso hay quienes quieren entrevistar a Omar Franco director del IDEAM, sobre la caracterización de las especies asociadas al ecosistema de Bosque Seco, en lugar de entrevistar a Brigitte Baptiste como directora del Instituto de Investigaciones y Recursos Biológicos Alexander Von Humboldt y también quienes quieren entrevistarla a ella sobre ¿por qué cae granizo en Bogotá?, cuando al que deberían entrevistar es a Franco.

El término ‘ambientalista’ se ha degradado también por aquellos que han logrado gracias a su fundamentalismo que ignorantes, indolentes e insensibles como Germán Vargas Lleras, Ramiro Bejarano, Enrique Peñalosa, Nicolás Uribe y tantos otros personajes hablen con desdén de aquellos que dedicamos nuestra vida, alma y sombrero a multiplicar el mensaje de la necesidad de proteger nuestros ecosistemas y las especies que allí habitan y que se genere un desarrollo comunitario y sostenible a través del aprovechamiento sostenible de los recursos naturales a disposición.

Epítetos como “Yihadistas Ambientales”, de aquellos que bestializan cada mañana en medios de comunicación inclinando la balanza de la opinión pública son lanzados temerariamente por dos factores; el primero, la profunda ignorancia, indolencia y falta de visión futura. Pero de otra parte por algunos que se autonombran “ambientalistas” o incluso que banalizan el tema diciendo que “son de ambiente” cuando cambian los argumentos serios por muchos insultos ante las andanadas de políticas claramente destructivas como las de Vargas Lleras y Peñalosa.

El tema ambiental es un tema cuyos argumentos imperativamente deben ser técnicos y científicos, no insultantes ni polarizadores como se han vuelto particularmente en Bogotá entre aquellos que defienden su político de afectos, los Petristas y los Peñalosistas.

Banalizar el tema de la supervivencia de la propia especie en la tierra y de muchas otras, defendiendo al alcalde actual o al pasado, es un craso error, una tontería que nos hace ver como ‘fundamentalistas’ a todos, absolutamente a todos, los que trabajamos con mística y vocación por la defensa de la vida en nuestra ‘casa común’.

Es a esos ‘Ambientalistas’ a los que me refiero, a los que polarizan, insultan, ridiculizan y carecen de argumentos suficientes para transmitir en la opinión pública el mensaje que por lógica, sentido común y de supervivencia debería ser inherente a cualquier ser humano con mínima inteligencia, el mensaje es simple: “no tenemos otro planeta dónde vivir, no lo hagamos invivible”, pero ‘el cómo’ lograr transmitir ese mensaje no es tarea tan simple, ello requiere argumentos técnicos y centíficos, no insultos.

En resumidas cuentas, sí hay ‘Ambientalistas Extremos’, que pretenden que ni se respire porque se exhala CO2 y esos nos desprestigian, también, por su parte, existen los “Ambientalistas Detestables”, que pretenden que a través del insulto y el boicot se logren cambios y que banalizan la protección del ambiente agrediendo en redes sociales, pero también existen personas como Sabina Rodríguez que para defender la Reserva Van der Hammen, no necesitan acudir a la agresividad característica de los ‘perros bravos’, como los llamó algún acertado imprudente, por el contrario, es una voluntaria convencida de la elegancia y los argumentos, mostrando que en realidad defiende la vida sin fanatismos que atentan contra ella.

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