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Una especie exótica invasora (EEI), que a paso de caracol va poniendo en riesgo cada centímetro colonizado convirtiéndose en agente transmisor de enfermedades, destructor de cultivos y mercenario en contra de la fauna autóctona desequilibrando de gravedad los ecosistemas que invade con rapidez.

El Caracol Africano, (Achatina Fulica), es una especie exótica proveniente del continente africano, convirtiéndose en un verdadero dolor de cabeza como tantas otras EEI que han sido introducidas en Colombia sin que antes se hayan realizado los estudios pertinentes en referencia a los impactos potenciales que pueden generar en la fauna y flora nativa.

Ha ido colonizando otros continentes como Asia y Oceanía en donde se tienen los primeros registros durante la segunda guerra mundial en el archipiélago de Hawai y posteriormente alcanzando a llegar hasta California. A finales de los años 70 hizo su debut en el estado de La Florida, lugar de donde pudo ser erradicado.

Posteriormente llegó a Suramérica y en la actualidad se encuentra diseminado por Venezuela, Ecuador, Argentina, Paraguay, Brasil, Guyana, por supuesto Colombia.

Desde la década de los 90 se enuncian las bondades de la “baba de caracol”, especialmente para aliviar y eliminar las cicatrices y manchas en la piel, particularmente aquellas ocasionadas como consecuencia de quemaduras.

Algunos promisorios empresarios pretendieron hacerse ricos aprovechando la no sólo la baba del caracol, también su carne para consumo como plato exótico exquisito y muy costoso e incluso fueron introducidos como mascotas para los niños sin tomarse el tiempo necesario y suficiente para evaluar las consecuencias de introducir una especie foránea, ya en esa época catalogada como invasora.

Este invertebrado es considerado una de las 100 especies exóticas invasoras más dañinas del mundo por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN. Su alta resistencia a las variables climáticas y ambientales en general, su dieta polífaga y su alto potencial reproductivo son principalmente lo convierten a esta especie en un invasor muy exitoso.

No sólo es el impacto negativo que causa en la fauna nativa, siendo capaz de extinguir localmente a algunas especies de competidores por el alimento, lo más delicado de estos animalitos es que actúan como vectores de peligrosos parásitos de relevancia médica y veterinaria, también se ha sentido su peso en las pérdidas generadas al sector agrícola en más de 200 tipos de cultivos diferentes y granos almacenados.

Uno de los impedimentos que se ha presentado para evitar su desbordada reproducción y colonización de áreas cada vez más extensas es la ausencia de depredadores naturales, pues en caso de ser ingeridos, pasan de ser un dolor de cabeza a ser un dolor de estómago mortal para aquellos que lo han ingerido, entre ellos, zorros, aves de humedal e incluso animales domésticos como perros y el ganado vacuno que ocasionalmente puede encontrarlo en las pasturas.

Pero los daños más graves que puede causar este molusco de grandes dimensiones los ocasiona al ser portador dos especies que se destacan por su alta peligrosidad para la salud humana, nemátodos del género Angyostrongylus el A. cantonensis y el A. costaricensis el primero de ellos es causante de meningoencefalitis y el segundo de angiostrongilosis abdominal.

Es por esto que las autoridades ambientales en Colombia han emprendido un trabajo dispendioso pero denodado en controlar esta especie exótica invasora que tantos problemas ha causado y que de no ser por los esfuerzos mancomunados de comunidad y autoridad, seguirá poniendo en grave riesgo la vida humana, animal, vegetal y por supuesto afectando la economía.

Recomendaciones:

Identificarlo: El caracol tiene franjas rojizas y vino tinto. Se esconde bajo la tierra y sale cuando hay lluvias.
Usar Guantes: Utilizar guantes de látex para capturarlo, así se protege de su baba.
Aplicar Sal: Colocar el caracol dentro de un recipiente de plástico o vidrio, y aplicar sal.
Evitar Contacto: No tocarlo sin guantes, y evitar el contacto con membranas mucosas, como ojos, nariz y boca.
Lavarse Bien: Después de manipular el caracol, lávese bien las manos y los antebrazos con abundante agua y jabón.
Limpiar Zonas: Limpiar las zonas donde haya presencia del animal, aplicando sal o cal blanca

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