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Hace muchos años, los taxónomos consideraban que la población de pumas que habitaba al este del río Misisipi en Estados Unidos era una subespecie diferente genéticamente de la que habita al oeste y por supuesto, también diferente de la que se encuentra en Centro y Suramérica, sin embargo, análisis genéticos más profundos y especializados dieron cuenta de la realidad al demostrar que sólo existen dos subespecies del segundo felino más grande de América.

“Los últimos análisis genéticos han demostrado que sólo existen dos subespecies de puma, ‘Puma Concolor Cougar’, al norte de América y ‘Puma Concolor Concolor’ al sur del continente”, explicó José Fernando González Maya, PhD., en ciencias de la conservación y director científico de ProCAT.

Desde hace 83 años no se conocen poblaciones reproductivas al este del río Misisipi en los Estados Unidos, esto llevó a la declaratoria de extinción de una población que existió en esa zona del país norteamericano y al mismo tiempo a corregir un error taxonómico de antaño.

“No es una extinción de una subespecie, es la extinción de una población, pues considerar una subespecie a las poblaciones de puma que habitaron al este de Estados Unidos, era un error taxonómico que se corrigió declarando extinta esa población de pumas”, afirma González Maya quien se desempeña como copresidente del grupo de especialistas en carnívoros pequeños de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la UICN.

La implicaciones de la extinción de depredadores como el puma siempre genera desequilibrios en los ecosistemas, al haber menos depredadores, las poblaciones de presas se incrementan exponencialmente, “lo que representa un problema no sólo para los ecosistemas que cuentan con un elevado número de ejemplares de una sola especie que podría, eventualmente consumir mucho más alimento del que producen los bosques. También es un problema para los humanos, pues las colisiones de venados con los vehículos en las carreteras se incrementan en la medida en que se incrementen las poblaciones de estos animales”,, argumenta González Maya.

Pero no sólo el incremento de las poblaciones de venados por los choques con los vehículos deberían ser materia de preocupación. La enfermedad de Lyme es una infección bacteriana que se adquiere por la picadura de una garrapata infectada, casualmente los mayores transportadores de garrapatas son los venados, las presas predilectas del puma.

González Maya hace hincapié en que “si consideramos que la especie Puma concolor, es la especie de felino más adaptable del mundo, pues vive desde el norte de Canadá hasta el sur de Argentina y puede vivir desde el nivel del mar hasta alturas en los páramos, pues no podríamos decir que esta especie se extinguió, además, si consideramos que genéticamente se desvirtuó que existiera una subespecie de puma al este del Misisipi, diferente a la del oeste, pues tampoco podríamos afirmar que se extinguió una subespecie, lo que sí se puede decir es que se extinguió una población importante de este felino”.

Pero hay esperanza, al parecer, las poblaciones ubicadas al Oeste del río más largo de Norteamérica ya están migrando lentamente para ocupar el lugar de la población desaparecida.

Lo que se teme en la actualidad frente a la conservación del puma es la diferente política según el estado en el que se encuentre cada individuo, “pues en algunos estados está permitida la cacería y en muchos de ellos no se tiene tanto afecto por estos felinos para que puedan crecer las poblaciones de venados y se puedan incrementar los cotos de caza, de esta manera se generan más recursos económicos por los permisos de cacería, es decir, entre más venados haya, más cacería puede haber, en la medida en que haya más cacería, habrán más cazadores interesados en pagar el permiso de esa actividad”, enfatiza el doctor González Maya.

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