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Los felinos son un grupo de depredadores especializados muy carismáticos y reconocidos por su majestuosa belleza y la magnífica elegancia de sus sinuosos movimientos. Manchas, rayas, rosetas, melenas y tamaños diversos, unos en las selvas, otros en las sabanas, algunos en las montañas y en casi todos los ecosistemas terrestres imponen las reglas de juego. Sólo son excluidos de Australia, Madagascar y la Antártida.

Todos o casi todos comparten características similares, cabeza redondeada, poderosas mandíbulas, pequeños incisivos que contrastan con sus grandes caninos, uñas retráctiles en todos ellos menos en el guepardo que al ser el animal terrestre más veloz del planeta requiere tracción extra. Todos los felinos son digitígrados, que significa que caminan apoyando sólo los dedos y no la planta completa de sus extremidades, como lo haría un oso, que es un plantígrado.

Dentro de la inmensa variedad de felinos en el mundo, los más conocidos son tal vez los leones, los tigres, jaguares, leopardos, pumas y guepardos, sin embargo, también existe una gran variedad de felinos medianos y pequeños que cumplen funciones esenciales para el delicado equilibrio y funcionamiento de los ecosistemas.

La tasa de éxito en la cacería varía de una especie a otra, no siempre que se tiende la garra, la presa sucumbe, un alto porcentaje de las faenas de caza finaliza con el feliz escape de la presa y la frustración para el depredador, los leones tienen un éxito de entre el 20 y el 25%, mientras que el felino más letal del planeta logra conquistas cerca del 60% de las ocasiones en las que ataca.

Crédito: Copyright BBC / Paul William

Crédito: Copyright BBC / Paul William

Pero contrario a lo que podríamos pensar, no se trata del inmenso tigre siberiano, el felino más grande y fuerte del planeta; tampoco del sigiloso jaguar cuya fuerza en la mandíbula supera a la de todos sus primos felinos, se trata del gato de patas negras, un pequeñito gato africano que no mide más de 50 centímetros de largo, su altura máxima es de 20 cm y su peso nunca sobrepasa los tres Kg.

Según PBS Nature, el gato de patas negras derriba más presas en una noche que un leopardo en seis meses. A pesar de que sus medidas no parecen muy amenazantes, su cabeza redondeada, el color marrón de su pelaje moteado, representan la figura del terror para los roedores que habitan las sabanas africanas, su magnífica tasa de éxito lo convierten en el felino más letal de la tierra.

Luke Hunter, quien se desempeñó como asesor científico de “Super Cats”, una producción de PBS (Public Broadcasting Service) califica al gato de patas negras como “extraordinariamente eficiente una verdadera potencia”. Y agregó que los pequeños depredadores  como el gato de patas negras tienen un metabolismo acelerado, que deben mantenerse alimentados todo el tiempo, “por lo que están constantemente cazando”.

Tres métodos de caza, elegidos según sea la situación, convierten a este pequeño gatito en una verdadera máquina de matar. La táctica de la veloz confusión es la primera de ellas, pues a gran velocidad corren por la hierba alta espantando así a roedores y pequeñas aves, es casi al azar y si en su camino se cruza, en medio de la confusión, alguna de sus presas, zarpa y colmillo hacen el resto del trabajo.

La segunda táctica es la de la emboscada, muy común en leopardos, quienes delegan en el sigilo absoluto el acecho de sus presas, lentamente se acercan al blanco elegido y cuando se encuentran a prudencial distancia, surge el explosivo ataque felino que todos conocemos.

Pero la paciencia es también una de las virtudes de estos minúsculos felinos, sentados durante largos períodos de tiempo frente a las madrigueras de los roedores pueden pasar largos ratos hasta que la incauta presa asoma los bigotes por última vez en su vida.

Crédito: Copyright Alexander Sliwa

Crédito: Copyright Alexander Sliwa

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