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El ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia, Ricardo Lozano Picón, atendió una entrevista en la W Radio que llamó la atención de la opinión pública sobre las consecuencias que puede generar el Fenómeno El Niño en el país y los resultados prevén un pavoroso escenario, sin embargo, lo pavoroso del tema es que ese tipo de entrevistas queden en letra muerta, pues muy a pesar de que las alertas se lancen con el suficiente tiempo de antelación, el grado de preparación siempre es el mismo: nulo.

Pero tal vez lo más aterrador y llamativo de la situación es que se conoce, con altísimo nivel de certeza, cuáles son los factores que generan que los efectos de este fenómeno sean mucho más devastadoras y que tanto la vida de las comunidades, como el balance económico se vea negativamente impactado. Es claro y específico, el tema de la pérdida de la cobertura boscosa en el país dejó de ser u  tema importante para convertirse en un tema urgente, dejó de ser un tema de ambientalistas para convertirse en un tema de mínimo sentido común y de interés general para absolutamente todos los sectores de la economía.

Cuando se conoce la causa y se pretende atacar sólo la consecuencia, los resultados serán siempre los mismos o peores en cada oportunidad. La pérdida de cobertura boscosa genera un deterioro en la funcionalidad de los ecosistemas, pérdida o degradación de los recursos naturales que sostienen la economía, la salud y todos los demás aspectos. Pero hasta tanto los generadores de opinión y los tomadores de decisiones entiendan esto (o les importe), seguiremos viendo desaparecer miles de hectáreas bajo el flagelo de las mafias acaparadoras de tierra y como consecuencia de ello, cada evento climático agudizarse en intensidad, fortaleza y pérdidas económicas y vidas humanas.

Actualmente ya hay un déficit de lluvias en la región Caribe de un 70%, según el ministro Lozano, “acertando con los pronósticos” que, según el mismo ministro, se emitieron al iniciar el presente gobierno de Iván Duque.

Pero el ministro no se quedó sólo con la referencia de los departamentos de La Guajira, Cesar, Atlántico y Magdalena, también se refirió a las condiciones de déficit de precipitaciones de la región de la Orinoquía, región en donde supuestamente no debería afectar la ocurrencia del Fenómeno El Niño.

Lozano hace hincapié en la necesidad de insistir y persistir en la educación de las comunidades a través de los medios de comunicación. Obvio, supuestamente para eso es el periodismo, para prestar un servicio social llevando información rigurosa y oportuna que le permita a los ciudadanos estar bien informados y tomar las decisiones pertinentes basados en una datos y hechos fidedignos, sin embargo, pocos son los medios que van un poco más allá de simplemente cumplir con la mínima tarea que es informar.

Se han preguntado ¿cuántos de los grandes medios de comunicación tienen a bien realizar una campaña preventiva y educativa que incentive el uso eficiente y ahorro de agua, la disposición adecuada de los residuos o las buenas prácticas agrícolas y ganaderas, sin hablar si quiera de la denuncia para evitar la deforestación?, la respuesta es tan triste como obvia: ninguno.

Algunos medios de comunicación informan a través de artículos y notas sueltas de cuando en cuando y de vez en vez, sobre la dramática situación que se pueda llegar a vivir en el país con la llegada de un Niño que se cataloga como débil, pero campañas de prevención y educación sostenidas, sencillamente no hay porque, equivocadamente, se piensa que “eso no es negocio ni aporta audiencia”.

Pero mientras en el norte del país el déficit de precipitaciones o la ausencia de lluvias, lo que erróneamente algunos periodistas llaman “el verano”, en el sur del país, los efectos del fenómeno El Niño son diametralmente opuestos, “de Nariño hacia el norte deja de llover, pero de ese departamento hacia el sur, se incrementan dramáticamente las lluvias”, afirmó el geólogo, hoy ministro de Ambiente.

Y advirtió que “estar hablando de un Fenómeno El Niño ‘débil’, no quiere decir que sus efectos vayan a ser suaves, débiles o menores”. Claro que no, eso dependerá estrictamente de la regulación hídrica de cada cuenca y eso lo determina el estado de deforestación en el que esté cada una, de manera particular pero al mismo tiempo acumulativa. Me explico: si la cuenca del río Páez en Cauca y Huila está deforestada, se verá profundamente afectada por los efectos del fenómeno, pero si a eso se le suma que este río desemboca en el río Magdalena, cuya cuenca también está gravemente deforestada, el efecto será mucho más grave. Acumulativo.

Pero una de las preguntas más llamativas de la entrevista que le hicieron a Lozano en la W Radio fue aquella que le solicitaba determinar el momento desde el cual las comunidades deberían iniciar con el ahorro y almacenamiento de agua para enfrentar el fenómeno El Niño.

No es por ser mala leche con los colegas, pero ahí se nota la nula comprensión sobre el tema del cuidado del medio ambiente y de la cultura de la prevención por parte de los algunos periodistas, es que ¿acaso sólo se hace un uso racional del recurso hídrico cuando se está amenazado por una sequía? Hay que recordar que Colombia es un país en el que hay 400 municipios que viven permanentemente en alerta por desabastecimiento de agua y con un castigo de las precipitaciones estas condiciones se recrudecen, un país con más de 220 mil hectáreas deforestadas al año, un país al que le queda apenas el 8% del bosque seco tropical original y en el caso de la región Caribe es tan sólo el 2%.

¿Cuándo hay que ahorrar agua?, pues siempre, (duuuhhh!!) esa es la única respuesta cuerda, lógica y sensata, pero no hay quién, en los medios de comunicación, se dedique a esa tarea de manera constante, diaria, repetitiva, educativa y mientras no existan ese tipo de espacios de sensibilización y concienciación, estamos condenados a apagar incendios en lugar de evitarlos.

De las 220 mil hectáreas, aproximadamente 140 mil se presentan en el amazonas, en los bosques húmedos tropicales del país, de esos 140 mil, 70 mil se presentan sólo en el Guaviare, en donde está la joya de la corona de la conservación, el Parque Nacional Natural Chiribiquete, un verdadero paraíso para la biodiversidad cercado por un infierno de incendios y deforestación pagada y propiciada por grandes señores desde las principales ciudades del país. Allá, en ese hot spot de biodiversidad, en la bisagra entre Amazonia, Orinoquía y región Andina es donde se concentran grandes bloques petroleros asignados por el estado a través de la ANH a empresas multinacionales, a las cuales el dichoso decreto del Ministerio de Ambiente que permite el realinderamiento de áreas de protección ambiental, les cae como anillo al dedo.

Entonces el panorama es devastador, tal vez nunca sabremos qué es más grave: la sequía, las inundaciones, la falta de compromiso con la educación ambiental en los medios de comunicación, la deforestación o la cómplice permisividad del estado colombiano que con un decreto amplia las áreas de protección y con otro permite que se reduzcan casi invitando a que se degraden para tal fin. Y mientras tanto, la tercera comunicación de Cambio Climático lanzó la alerta más peligrosa y es que cerca del 90% de los colombianos no tienen ni idea qué es el Cambio Cimático, pero qué van a saber, si nadie se los ha explicado.

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