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Primera parte
El otorgamiento de una licencia en el año 2009 a la empresa EMGESA para el desarrollo del proyecto hidroeléctrico ‘El Quimbo’, (PHEQ) ubicado en los municipios de Garzón, Gigante, El Agrado , Altamira Paicol y Tesalia en el Departamento del Huila, es quizá uno de los proyectos de desarrollo más controversiales por los altos impactos ambientales, socio económicos y culturales.

Comparando los perjuicios con la potencialidad de generar el 5% de la energía del país, los huilenses consideran que no vale la pena la inundación de más de 8 mil hectáreas de tierras altamente productivas de vocación agrícola y ganadera en un ecosistema seco del que hoy sólo queda el 9% en todo el territorio nacional. “Grandes perjuicios para pocos beneficios”, diría el exgobernador del Huila, Carlos Mauricio Iriarte.

Con más de 500 años de uso y una alta intervención, los estudios de impacto ambiental de la Central Hidroeléctrica ‘El Quimbo’, desarrollados por INGETEC, determinaron que la zona de influencia del proyecto, producía en el 2007, 30. 381 toneladas aproximadas de alimentos agrícolas como cacao, sorgo, maíz, arroz, y 2.710 toneladas de producción pecuaria, a estas cifras se suman los inestimados producto de la pesca artesanal de subsistencia.

Las cifras muestran claramente que el área de influencia del proyecto que beneficiaba a más de 15.000 personas de la región y soportaba las necesidades agro-alimentarias de muchas poblaciones en el resto del país, era considerado como una despensa agrícola y ganadera, ocupada por un ecosistema seco con alta fragmentación en el que según investigadores, aún quedaban enclaves xerofíticos o secos, de formación arbustiva y bosques de galería asociados directamente a la protección del agua.

La presencia del bosque seco ubicado en el vaso de la represa aún era importante para las comunidades, según Hilda del Carmen Dueñas, investigadora y docente de la Universidad SurColombia, “el conocimiento del territorio me ha permitido conocer especies alimenticias como la ‘papa cidra’ o ‘guatila’, ‘las pasifloras’ e incluso ‘el pindo’, un pasto utilizado por las comunidades de artesanos para la elaboración de sombreros y cortezas de árboles para la elaboración de amarres y cargueros” asegura.

La riqueza en epífitas, orquídeas y bromelias también era de gran importancia para la región, pues “en esas zonas que hoy están inundadas abundaba la Cattleya Trianae flor nacional amenazada por la pérdida de su hábitat que cada vez está más limitada afirma William Vargas investigador nacido en el corregimiento de la Jagua Huila zona de influencia del proyecto.

Si bien los investigadores coinciden en la alta fragmentación del bosque seco que ocupaba la zona de interés del proyecto, mayoritariamente el área de “El Quimbo” en sus 8.586 hectáreas, estaban ocupadas en un 95% por la “Reserva Forestal Protectora de la Amazonía y del Macizo Colombiano”, además 3. 230 hectáreas del proyecto tenían presencia de epífitas que estaban vedadas incluyendo bromelias, orquídeas, musgos, líquenes y hepáticas, en una veda establecida desde el año 1977 por el INDERENA aún vigente.

Con seguridad, las características de este territorio ubicado en una zona de reserva forestal de Ley 2da desde 1959, con plantas epífitas vedadas por su importancia y fragilidad, presentes en los bosques secos, muy secos y pre montanos húmedos de la zona del proyecto, también fueron tenidas en cuenta en el primer estudio realizado en 1995 por La Central Hidroeléctrica de Betania S.A. y en este punto cabe preguntarse si ¿será que EMGESA y la ANLA también tuvieron en cuenta la veda de estas especies epífitas para desarrollar este mega proyecto?

Interesada en el desarrollo de la hidroeléctrica ‘El Quimbo’, en el año 1997, la Sociedad “Betania S.A.”, le presentó al Ministerio de Ambiente su intención en el proyecto quien de manera expedita, solicitó a la empresa el Diagnóstico Ambiental de Alternativas con el fin de determinar la viabilidad del PHEQ, la nueva represa que garantizaría la vida útil de la Central Hidroeléctrica de Betania y la generación de 445 MW de energía para el país.

Según el profesor e investigador de la Universidad Sur Colombia en el Huila, Miller Dussán Calderón, “La nueva hidroeléctrica que pretendía aprovechar los cañones del río Magdalena en las montañas de los Andes para generar electricidad, se proyectaba para salvar la incongruencia técnica de la vieja central de Betania que debería funcionar hasta el año 2037 explica el investigador, “pero que hoy está en declive por los miles de sedimentos que son transportados por el río y que se depositan en el embalse disminuyendo su vida útil, por lo que el desarrollo del proyecto hidroeléctrico El Quimbo, sería su salvación”.

Para el Ministerio de Medio Ambiente la solicitud del nuevo proyecto y el posterior análisis de viabilidad presentado por la empresa a través del Diagnóstico Ambiental de Alternativas DAA, determinaría la inviabilidad del proyecto que mostraba una desproporción entre el área de inundación y la poca generación de electricidad, la afectación estructural del área productiva, considerada como inconveniente al tener que inundar las mejores tierras con vocación agrícola y ganadera de la región, la presencia de un ecosistema casi extinto en el país como es el bosque seco y la imposibilidad de restituir la actividad productiva en la zona y sus efectos a nivel cultural en el cambio de la mismas, fueron algunos de los criterios tenidos en cuentas para no considerar viable el proyecto que quedó engavetado y olvidado durante una década.

Bajo el Gobierno de Álvaro Uribe Vélez, proyectos como ‘El Quimbo’ debían resucitar y ser ejecutados en el país, a tal punto que el Presidente le dio viabilidad financiera a los proyectos hidroeléctricos permitiendo que EMGESA, propietaria de Betania S.A., y del proyecto hidroeléctrico sepultado por el Ministerio de Ambiente, saltara nuevamente al ruedo, el gobierno del ‘todo vale’ en lo ambiental, daría vía libre al polémico proyecto.

Con la indulgencia Presidencial, Emgesa le solicitó en el 2007 a la Dirección de Licencias del Ministerio de Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial (MAVDT) considerar el licenciamiento del proyecto hidroeléctrico bajo una sólo alternativa y sin tener en cuenta el DAA, que había enterrado el proyecto por 10 años, pero según lo asegura Miller Dussán quien conoce los antecedentes, “esa nueva alternativa no mostraba variaciones considerables ni sustanciales respecto a las presentadas en 1997 cuando el proyecto fue rechazado por sus impactos, al contrario, el diseño de la represa la hacía más gravosa aumentando considerablemente sus características y disminuyendo la generación de electricidad”.

Un año más tarde, todos aquellos procesos sobre los que diez años atrás se había demostrado su inviabilidad, en el 2008 se abrieron paso para permitirle a EMGESA hacer una solicitud de licenciamiento ambiental desatendiendo, desconociendo e ignorando el Diagnóstico Ambiental de Alternativas que lo consideró inviable.

En 2009, EMGESA obtendría, en tan sólo un año, lo que hoy se podría considerar como una ‘Licencia Express’ por todos los trámites que se excusaron generando impacto irreparables como consecuencia del licenciamiento de la Hidroeléctrica ‘El Quimbo’.

En la próxima entrega de este especial sobre ‘Un Desastre Llamado Quimbo en Colombia’, se verá con claridad cuáles han sido los beneficios prometidos, cuáles de ellos se han cumplido y cuáles han sido los perjuicios que se han generado como consecuencia de un proceso de licenciamiento plagado de presuntas irregularidades técnicas, administrativas y jurídicas.

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