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Los hermanitos Vargas Lleras, ‘qué bonita familia…’

Tal vez uno de los proyectos más cuestionados y cuyas irregularidades han sido más ampliamente denunciadas en la historia de Colombia es el Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo. Plagado de tantas anomalías que nadie podría explicarse cómo, a pesar de que los hechos probados científica y técnicamente han demostrado los nocivo que ha sido todo el proceso de esta monstruosidad, podría explicarse cómo aún sigue andando y funcionando tan alegre y tan campante.

Veamos. Modificaciones de licencias ambientales que flexibilizan las obligaciones de la empresa EMGESA por parte de la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales que debería velar por los intereses de los colombianos en defensa de los recursos naturales y el equilibrio de los ecosistemas, permisividad ante las obligaciones adquiridas al desarrollar un proyecto de semejante envergadura que inundó más de ocho mil 500 hectáreas, laxitud, por parte de la dirección de Bosques y Ecosistemas del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, al permitir que se hiciera el aprovechamiento forestal de 900 hectáreas de epífitas que se encontraban en veda, sumado a la coordinada exposición de falsedades por parte del gobierno nacional en boca de dos de sus ministros, el de Ambiente, Gabriel Vallejo López y el de minas, Tomás González.

Lo aberrante no para allí, el ejecutivo en pleno pretendió desconocer, vía decreto, una orden judicial beneficiando a la empresa EMGESA y por ende perjudicando a los pobladores del Huila, un departamento cuya voluntad ciudadana se desprecia con asco desde los escritorios y mullidos sofás de quienes toman las decisiones en este país centralista y de favores entre primos, cuñados, compadres y por supuesto, entre hermanos.

Tantos esfuerzos y descaros, tanto cinismo, tantas energías gastadas por parte de los ministros no podría responder más que a las órdenes recibidas desde arriba para favorecer a ‘los amigos’.

El pasado 23 de junio de 2015, el presidente Juan Manuel Santos, su vicepresidente, y quien se perfila como su sucesor, Germán Vargas Lleras, acompañados de la ministra de transporte, Natalia Abello, el gobernador del Huila de ese entonces, Carlos Mauricio Iriarte y otras personalidades entre las cuales se encontraba el director de país, para EMGESA, Luicio Rubio, inauguraron el viaducto Balseadero con una extensión de 1.708 metros y una inversión de 73 mil millones de pesos.

Ese día, el vicepresidente Vargas Lleras se mostró muy satisfecho por la obra, que hace parte de las compensaciones que tiene que hacer la empresa EMGESA por la construcción del Proyecto Hidroeléctrico El Quimbo y dio la orden de agilizar el proceso de llenado y posterior generación en la hidroeléctrica.

Tan sólo dos días después, la ANLA expide una cómoda modificación de licencia ambiental en favor de los intereses de EMGESA permitiendo que el llenado del embalse iniciara mucho más rápido de lo que el vicepresidente mismo se pudiera imaginar, la eficacia de la Autoridad Ambiental Nacional honra las pretensiones del Ministro de Ambiente Vallejo con sus licencias ‘exprés’.

Podría parecer que los intereses del Vicepresidente de la República sólo obedecieran a que el país tuviera una mayor generación de energía eléctrica, que se redujera la generación termoeléctrica para que su jefe pudiera cumplir con los compromisos de reducción de emisiones que adquirió frente a todo el planeta en París Francia en la COP XXI. Al parecer, sus intereses no son tan altruistas ni mucho menos obedecen a un bien común, muy por el contrario, parecería que sus intereses se inclinan a beneficiar a algún particular, ¿cómo no proteger los intereses de su familia por encima de los intereses de extraños, como los huilenses?

Al conocer que el presidente de la junta directiva de EMGESA es el señor José Antonio Vargas Lleras, hermano del ‘vice’, queda un pésimo olor en el ambiente, no sólo por las aguas en mal estado que la ANLA haciendo flaco favor, permitió que se pudrieran, parece que lo único podrido por allá no son las aguas de El Quimbo, el Magdalena y Betania.

‘Qué bonita familia’, la que conforman el Vicepresidente que desprecia con absoluto desdén, arrogancia y despotismo que lo caracterizan, todo lo que tenga que ver con la protección de los recursos naturales de nuestro país, su biodiversidad de fauna, flora y ecosistemas, su hermano Enrique, miembro de la junta directiva de Enertolima filial de Andresco en donde su hermano José Antonio también es miembro de su junta directiva.

En pocas palabras, una negocio familiar redondo, dos hermanitos en el sector de energía con serios cuestionamientos (ninguno probado), y el otro desde la vicepresidencia de la República, garantizando que las instituciones del estado, como la ANLA, que deberían velar por proteger el bien común para sus ciudadanos, velen por los intereses particulares de las empresas cuyas juntas directivas están conformadas por los flamantes y muy reputados Vargas Lleras.

Es profundamente triste que esto siga ocurriendo en nuestro país, que funcionarios del estado se conviertan en fichas de bolsillo subordinando su dignidad y honorabilidad a las órdenes de reyezuelos de unos subreinos de este país en donde la Magia Salvaje al parecer consiste en meterla dentro de un gran sombrero y desaparecerla.

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