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Estos peces que todos conoceos por sus épica migraciones, remontando caudalosos ríos con saltos que envidiaría el mejor de los atletas, salvando impensables obstáculos, como las fauces de los poderosos y hambrientos osos pardos, se someten a toda suerte de aventuras con el único propósito de llegar al sitio en donde, años atrás nacieron y desovar para darle vida a nuevas generaciones y luego morir.

Pero esta no es la única función que cumple en la naturaleza el salmón, tampoco ser el ingrediente principal del sushi, parece mentira, pero una de las funciones más importantes que cumple esta especie en la naturaleza es la de fertilizar el suelo dando origen a una intrincada red de interconexión biológica en el bosque templado húmedo más grande del planeta, los bosques canadienses.

Osos negros y pardos, lobos, zorros, águilas calvas, muflones, alces, ciervos y un incontable número más de diferentes especies pueden subsistir gracias a la labor de los salmones en estas tierras, sin su presencia, la vida sería transformada a tal punto, que cientos de especies desaparecerían, pero ¿cómo es la magia que tiene el salmón que desde las profundidades del océano Pacífico siembra vida en los bosques?

Estos peces que acuden a las costas del pacífico canadiense desde hace más de seis millones de años protagonizan cada año una de las migraciones más numerosas del mundo animal con cientos de millones de individuos desplazándose entre una maraña de dificultades que de no sortear, se podría en vilo la existencia de miles de especies animales y vegetales.

Lobos hambrientos merodean los estuarios que son el sitio perfecto en donde los salmones esperan pacientes el momento indicado para iniciar la migración río arriba, este es uno de los primeros obstáculos que deben superar. Pero en el mar, las orcas también los acechan vigilantes hasta que llega el momento indicado y tras el primero de ellos en aventurarse aguas arriba, lo siguen cientos de miles de ejemplares que anhelan dejar un legado procreando.

Cuando la marea baja, el trabajo de los lobos se facilita y parecen cazar más peces de los que pueden comer, ahí inicia la magia del salmón sembrador de vida en los grandes bosques templados húmedos de Norteamérica.

Muchos salmones son huéspedes de un parásito conocido como Anisakis, cuyo ciclo de vida ocurre exclusivamente en el mar, los huevos de este parásito son ingeridos por pequeños crustáceos que a su vez son ingeridos por peces de mayor tamaño, como los salmones, en ellos, el parásito se desarrolla en las vísceras, principalmente en el hígado pero extendiéndose en ocasiones a los músculos.

Este ciclo se completa cuando un mamífero marino caza ese pez que está siendo huésped del parásito, cuando el delfín, ballena, león marino, etc., ingiere el parásito, éste activa su proceso de maduración y pone los huevos que son excretados en el mar y de nuevo se inicia el ciclo.

Sin embargo, cuando es un mamífero terrestre el que ingiere al salmón que sirve de huésped, el parásito genera una infección conocida como ‘anisakiasis’, que se manifiesta a través de náuseas, vómitos y dolor abdominal y cuando el parásito se aloja en el intestino, en ocasiones es requerida una cirugía con el fin de extraerlo.

Los lobos lo saben y por ello sólo comen la cabeza del salmón que es muy nutritiva y está libre del Anisakis. Pero es la piel del salmón la parte más nutritiva gracias a su elevado contenido graso, pero para los lobos es imposible separar la piel de la carne y por eso requieren la ayuda de otros animales para lograrlo, por eso abandonan su presa a la orilla del río esperando que los carroñeros se encarguen de esa labor.

Poco tiempo después de abandonada la presa llegan cuervos y águilas que desprecian la piel del animal y sólo consumen la carne. El trabajo está hecho y los lobos regresan para hacerse cargo de no dejar casi nada. Así como los lobos, los cuervos y las águilas, son más de 200 especies de animales en el bosque que se alimentan de los salmones.

Cada etapa del camino supone nuevas amenazas a su supervivencia, pero garantizan la de muchas otras especies con su sacrificio. Los raudales de los ríos deben ser sorteados a punta de saltos titánicos que pueden lograr gracias a sus poderosos músculos y cuando llegan a ese punto encuentran cientos de osos negros y pardos hambrientos y amantes del pescado. Ellos requieren grasa y proteína para sobrevivir el invierno.

Son tantos los osos ávidos de incrementar su peso variando su dieta que la competencia es despiadada, ni siquiera los más grandes y poderosos grizzlis son respetados, por ello, la mayoría deben cazar el salmón y retirarse a las profundidades del bosque para devorarlo en paz. Ahí inicia nuevamente la magia del salmón generador de vida.

Entre osos y carroñeros abandonan miles de toneladas de salmones al interior de los bosques cada año que se descomponen en sus suelos. Los osos sólo comen cerca de una cuarta parte de su presa abandonando más de la mitad y sólo aprovechando las partes con mayor contenido graso.

Los restos putrefactos de millones de salmones abandonados en los bosques aportan más del 80% del nitrógeno fertilizante en los suelos de estos bosques marcando una evidente diferencia con otros en donde sus ríos carecen de estos peces. Se ha comprobado que las coníferas en estos bosques son hasta tres veces más grandes.

El salmón tiene un olfato supremamente agudo, puede detectar el lugar exacto de su nacimiento y es allí y sólo en ese sitio en donde se fertilizará los huevos que ponga su pareja para dar vida a un nuevo ciclo de vida del gran bosque y de las más de 200 especies que lo aprovechan de manera directa.

Los nativos americanos, especialmente los Haida, quienes se denominan a sí mismos ‘El Pueblo del Salmón’, a través de la delicada observación de la naturaleza y su comunión milenaria con la madre tierra, percibieron el inmenso beneficio que trae el salmón a las diferentes localidades en donde se encuentra, pero se preguntaban por qué el salmón no remontará otros ríos nuevos y desovará en ellos.

Ante la frustración, decidieron hace cientos de años, emprender una empresa de lento desarrollo pero de múltiples beneficios.

Tan pronto los huevos habían sido fertilizados en las partes altas de determinado río, los nativos los recogían delicadamente, depositándolos en cajas de madera de cedro forradas en musgo humedecido evitando que sol y viento los secaran. Los llevaban a otros ríos y así ‘sembraban’ salmones que beneficiarían otras micro cuencas hidrográficas.

El salmón satisfacía todas las necesidades de los primeros moradores de estas tierras y no sólo mares y ríos eran su hogar, también lo eran los bosques de cedros, robles, arces rojos, abedules amarillos, nogales y fresnos entre otros.

El bosque húmedo templado proveyó durante siglos medicinas, vestido, comida y materiales de construcción a las primeras naciones de norte américa, en la actualidad lo sigue haciendo y todo esto, gracias al persistente pez de deliciosa carne rosa que comemos en abundancia, el salmón.

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