Comparte en:

La historia oculta tras el desmembramiento del oso andino en Arauca

La muerte y posterior desmembramiento de un ejemplar macho adulto de oso andino en el departamento de Arauca causó revuelo en la opinión pública y en las autoridades ambientales, pero más que eso, desató cuestionamientos sobre la validez de aprovechar los animales silvestres como fuente alimenticia.

Muchas comunidades indígenas subsisten gracias a la cacería de especies silvestres que son aprovechadas para su consumo, dantas en el Caquetá, Zaínos (cerdos de monte) y Guartinajas (roedores medianos) en el Perijá, conejos y tortugas en La Guajira e incluso Güios (boas constrictoras) en la Amazonía, pero ¿qué tan válido es que un indígena mate un oso para comérselo?

El Cazador es un indígena U’wa

El cazador, conocido sólo como Raimundo, que dio muerte al oso en Arauca es miembro de la comunidad indígena U´wa, por lo cual la Autoridad Ambiental está inhabilitada para abrir proceso sancionatorio ambiental en su contra. Sin embargo, en la vereda Playas del Bojabá, en Saravena Arauca, las comunidades han denunciado que la práctica de la cacería en este ciudadano es constante y no es por subsistencia, presuntamente los hijos del cazador se dirigen al pueblo a vender sus presas los fines de semana.

Víctor Manuel Chibaraquía, presidente de la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales Indígenas del departamento de Arauca, al finalizar reunión con el director de Corporinoquía en ese departamento, afirmó para Natural Press que “como todo pensamiento crítico desde la visión espiritual de garantizar los derechos de la Madre Tierra y la biodiversidad, hemos convocado una reunión en el Auditorio de la Resistencia en Saravena con los líderes de las siete comunidades de ese municipio para reavivar los compromisos y deberes que tenemos como Nación U´wa, recalcar nuestra política que tiene que ver con la defensa ambiental y de la biodiversidad y en este caso, lo que ocurrió en el transcurso de estos días”.

Y agregó que “esto que pasó (la muerte del oso) es una situación que yo mismo no me explico, después de 30 años de estar conociendo la política de una nación como los U´wa, analizaremos este caso y así proceder a orientar de la mejor manera a esta persona responsable y culpable para que asuma lo que hizo”.

El representante de la Autoridad Indígena U´wa habla de la política que tiene su nación en referencia a la protección ambiental, “está claro que la diversidad hoy más que nunca se vela, se protege, pero garantiza también la defensa de los seres humanos, tendremos que analizar y debatir sobre eso, pero por culpa de uno no vamos a afectar mayor cosa, vamos a establecer unos pactos entre las partes”.

A pesar de la agitación que este hecho generó en Colombia, la verdadera historia de las comunidades campesinas, afro e indígenas que habitan zonas olvidadas por el estado, es una muy diferente a la que se puede percibir desde las ciudades.

Jorge Astwood, profesor a la Universidad de los Llanos considera que en la región de la Orinoquia la práctica de la caza furtiva de tipo comercial e ilegal es una práctica tan común que lo que sucedió con este oso no es ni la punta del iceberg, “acá todos los días se trafica con aves, con tortugas, con mamíferos de todas las especies, hemos encontrado osos de anteojos y dantas amarrados con alambres de púas de gente que pretende venderlos, porque son animales que valen más vivos que muertos y nadie habla de eso y nadie le pone control a esta situación”.

Y visiblemente afectado agrega que “uno de los casos que más me impactó fue una parvada de 97 arrendajos en el baúl de una camioneta de servicio público intermunicipal que llegaron al centro de atención y valoración de fauna absolutamente choqueados por estrés calórico. Infortunadamente de los 97 pajaritos, sólo sobrevivieron dos. Este tipo de eventos suceden acá en el Llano todos los días a los ojos de todos”.

Foto: Corporinoquia

Pero en el caso puntual del oso, al investigador le llama mucho la atención que esta vez haya sido un oso andino el que haya sido sacrificado, “las comunidades indígenas U´wa y en general de la Orinoquía no acostumbran a comer oso, eventualmente, algunas etnias, no todas, y en actos rituales consumen hormigueros gigantes (Myrmecophaga tridactyla), pero nunca osos andinos”.

“Además las comunidades indígenas de esta región del país viven principalmente en tierras bajas, en donde es muy difícil que un oso andino llegue, esa especie es de tierras altas, de bosques altoandinos, de páramos, pero no de llanuras como en la que se encontró este animal, yo me preguntaría: ¿el oso bajó o el cazador se subió a las montañas para cazarlo?”, puntualiza el investigador.

Impacto de la muerte de un macho de Oso Andino

Mauricio Vela, experto en el estudio y la investigación del oso andino afirma que “las implicaciones de que se haya cazado un oso macho en Arauca, es muy difícil determinarlo, es una zona en la que, por las condiciones sociales de nuestro país, no ha sido conocida ni estudiada, entonces hay una inmensa cantidad de vacíos de información sobre este y sobre muchos temas”.

El estudiante de doctorado de la Universidad de Arizona agrega que “esta zona de Arauca, los Santanderes y Boyacá es una zona de transición entre la región Andina y la Orinoquía, es el piedemonte llanero en donde es muy difícil saber qué está pasando y cuáles son las dinámicas que han inducido a un oso a deslazarse hacia esta zona”.

Por su parte Corporinoquía, autoridad ambiental en la región, entregó a la Fundación Neotropical Cuencas, muestras de tejido del oso andino, estas muestras serán enviadas a la Fundacion Omacha con el fin de obtener detalles y evidencia de la existencia de la especie en el lugar de los hechos.

Foto: Corporinoquia

La cacería en Colombia

“La cacería en Colombia está regulada por ley, algunas son permitidas, el decreto 1608 de 1978 que es el que reglamenta el código de recursos naturales menciona que la cacería de subsistencia en comunidades indígenas está permitida siempre y cuando no represente un daño a los ecosistemas”, menciona el investigador José Fernando González Maya, PhD., de la universidad Autónoma de México.

Y agrega que “la cacería de subsistencia, se ha demostrado, que en muchos casos no tiene efectos significativos sobre las poblaciones silvestres, sin embargo, la cacería con fines comerciales es muy diferente, pues el volumen de animales que demanda el tráfico de especies silvestres es totalmente diferente al volumen que se requiere para la subsistencia”.

En Colombia la regulación está en cabeza del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y regionalmente en manos de las Corporaciones Autónomas Regionales o de Desarrollo Sostenible según sea la jurisdicción, que son las entidades encargadas de definir las vedas y/o restricciones de cacería de diferentes especies.

De otra parte está la legislación, la resolución de Especies Amenazadas 1912 de 2017, en la cual se consignan cuáles especies definitivamente no pueden ser cazadas, entre las cuales claramente está el oso andino (Tremarctos ornatus), entre otras que se encuentran en alto grado de amenaza.

Foto: Corporinoquia

“En el caso de Colombia existen los llamados Clubes de Cacería, algunos con fines comerciales y otros se denominan con fines deportivos  y algunos artículos afirman que existen cerca de 4.000 personas inscritas en este tipo de agremiaciones. Este tipo de cacería no es buena y tiene impactos muy significativos sobre las poblaciones silvestres y al no haber regulación, no se sabe con exactitud cuántos ejemplares y de qué especies se cazan y cuáles son los impactos sobre las poblaciones silvestres”, afirma el científico colombiano.

En el caso del oso andino, está protegida por ser una especie en la categoría Vulnerable a nivel nacional según la 1912 de 2017 y Vulnerable a nivel global según UICN, pero en Colombia cada vez es más crítica la situación.

“La ley 1333 de 2009 que establece el procedimiento sancionatorio ambiental, aumentó las penas por delitos contra el medio ambiente, como talas ilegales, tráfico de especies silvestres de flora y fauna, etc., habla de penas que ya no son excarcelables, ya no es como antes que los delitos contra el ambiente eran menores y todo el mundo sabía que nada pasaba, ahora ya no son penas por debajo de los cuatro años”, complementa Jorge Astwood”.

Y agrega que “lo importante es que la normativa ambiental se aplique, porque Colombia tiene muchas leyes, una normativa muy completa, pero no la aplica, entonces da lo mismo, es imposible ejercer control sobre nuestros recursos si escribimos normas, leyes, decretos, resoluciones que nadie va a hacer cumplir”.

Astwood asegura que “nada hacen desde el Ministerio de Ambiente emitiendo resoluciones sobre cuáles especies se pueden y cuáles no se pueden consumir si no socializan esas normas, el indígena no conoce esas resoluciones, ellos simplemente tienen hambre, ven un animal, lo matan y se lo comen, no están matando con sevicia ni conscientes de que ese animal está protegido o restringida su caza, simplemente tienen hambre y lo solucionan. Hay que socializar esas normas que emiten desde Bogotá o desde cualquier ciudad con las comunidades en los territorios”.

Finalmente, en este caso, por tratarse de un miembro de la comunidad indígena U´wa, será el Tribunal de Justicia Ancestral, un aparato milenario espiritual e ideológico que sólo se convoca en “casos relevantes de gran magnitud”, según relata Chibaraquía, quien juzgará la culpabilidad o inocencia del cazador Raimundo, no la justicia ordinaria de Colombia.

Pero cuando se le pregunta qué va a pasar, el líder indígena afirma que: “a vuelo de pájaro le digo: será la naturaleza la que castigue a este individuo”. ¿Será así como la naturaleza actuará con todos los demás individuos del planeta?, ¿será que la naturaleza sólo castigará a Raimundo por los insultos, delitos y daños infringidos a ella, o también a todos los demás?

Le puede interesar:

Feliz Día del Oso Andino

Comentarios